viernes, 2 de febrero de 2018

LA AGRESIVIDAD, EL PLACER Y EL DESARROLLO por Hendrik Vaneeckhaute

La agresividad es la energía generada por el instinto de supervivencia para garantizar las necesidades básicas: alimentación, temperatura, abrigo, protección, afectividad, etc.
La agresividad es la energía que tenemos para conseguir lo que necesitamos y deseamos y para defender lo nuestro. Es la energía que nos hace mover para buscar nuestro bienestar como ser humano.
Somos seres sociales, por lo tanto la agresividad es fundamental en nuestra comunicación con los demás. Y en esta interacción con el mundo que nos rodea, nuestra agresividad se moldea. Dependiendo de cómo es esta interacción, nuestra agresividad se mantiene en un nivel saludable que permite una vida plena y feliz, se vuelca contra nosotros y nos convierte en personas sumisas, incapaz de luchar por lo que queremos o se hace violenta o destructiva hacia los demás o el entorno.
La agresividad como motor del desarrollo.
De la agresividad nace el movimiento, el salir hacia el mundo, la expresión como ser humano. Y requiere un reconocimiento mínimo. De la agresividad nace el movimiento, y el movimiento tiene como objetivo último la comunicación con el otro, con el mundo que nos rodea. Si dañamos la expresión de la agresividad, dañamos la comunicación, la relación con el otro.
Un niño depende del otro, del adulto, para sobrevivir, y su agresividad estará inicialmente dirigida a obtener la satisfacción de sus necesidades a través de este adulto: que sea alimentado, abrigado, tomado en brazos, etc. En otras palabras que sea cuidado por el adulto. La agresividad le hace buscar el pezón al nacer (cuando es dejado en el abdomen de la madre), le hace protestar cuando tiene hambre, cuando quiere estar cerca (en brazos), cuando tiene miedo, etc. También le hace defender su espacio, sus juguetes, su relación con la madre cuando viene un hermanito, etc. La agresividad también le hace ir hacia el mundo, buscar interacción, exploración y socialización.
La agresividad infantil les hace reclamar lo que necesitan:
  • contacto con afectividad (necesidad de estímulo cutáneo)
  • tener un adulto de confianza disponible (necesidad de seguridad)
  • contención, cobijo (necesidad de seguridad, de temperatura)
  • alimentación (necesidad de energía)
  • explorar el entorno (necesidad de entender)
  • comunicación (necesidad de entender, de ser reconocidos)
  • moverse (necesidad de desarrollo motriz)
  • autonomía, decidir (necesidad de ser reconocidos)
  • defender sus cosas (necesidad de ser reconocidos)
El niño depende del adulto y lo reclama para la obtención de la satisfacción de sus necesidades
Y lo hacen de la forma que saben:
  • con el llanto
  • con el grito
  • con la mano (pegando)
  • con el juego
  • con el movimiento
  • con la palabra
La agresividad por lo tanto es la energía detrás de la expresión de las necesidades. Y las necesidades forman el motor del proceso de desarrollo del niño o de la niña.
Las principales necesidades, además de las de alimentación, seguridad física y los cuidados más fisiológicos (higiene), son:
  • necesidad de afectividad que se regula a través del adulto cuidador en la interacción tónica: el tono de la mirada, de la voz y del tacto (estímulo cutáneo);
  • necesidad de seguridad emocional: tener un adulto de confianza disponible, sentir la contención emocional y física del adulto;
  • necesidad de entender el entorno: poder explorar libremente, tocar, probar, etc.;
  • necesidad de comunicación: vivir una interacción con sentido proporcionado por el adulto que ayuda a estructurar las vivencias y las emociones;
  • necesidad de desarrollo motriz: el movimiento libre proporciona las experiencias placenteras necesarias para un desarrollo motriz en equilibrio, que a su vez es fundamental para el desarrollo cognitivo;
  • necesidad de ser reconocido: tener autonomía, poder decidir, poder defenderse y sentirse defendido.
Estas necesidades no pueden ser separadas, están íntimamente conectadas unas con otras. Cuando damos afectividad, damos seguridad y estructuramos las experiencias de los niños. Cuando permitimos el movimiento libre en un entorno seguro, proporcionamos reconocimiento y autonomía, damos seguridad, ayudamos a entender el mundo, damos autoconfianza, etc.
Las necesidades necesitan ser satisfechas de forma placentera para favorecer un desarrollo sano.

LA AGRESIVIDAD COMO PULSIÓN DE VIDA.

Podemos ver la agresividad también como un impulso básico que genera una tensión que hace mover a la persona para tomar una determinada acción, con el objetivo de obtener la satisfacción placentera de su necesidad, lo cual provoca la relajación de la tensión inicial.

El esquema nos enseña que la necesidad o el deseo (dopamina), genera la acción (noradrenalina) que cuando logra la satisfacción placentera, genera una relajación (serotonina), que a su vez es necesario para generar otra vez un nuevo deseo (dopamina).
De esta forma creamos un ciclo, una pulsión de vida que impulsa el desarrollo.
Cuando el nivel de satisfacción de las necesidades no es suficiente, las tensiones generadas por las necesidades no se relajan y generamos bloqueos en el desarrollo.
Desde el punto de vista del estrés, estas tensiones suponen focos de estrés para el organismo. Cuando son mantenidas en el tiempo generan dificultades y trastornos.
Demasiada tensión
Como hemos visto antes, la satisfacción placentera de una necesidad provoca la relajación de la tensión creada. Cuando no hay distensión, la tensión se va acumulando y puede buscar salidas alternativas para reducir el nivel de tensión.
En primera instancia habrá una descarga directa de la tensión: el niño protesta, llama, llora, pega, muerde,…
Cuando esta descarga no es permitida, la tensión se acumula.
La destructividad es un acto consecuencia de una sobre-tensión. Se ‘destruye’ (a objetos, al otro, a si mismo) sin aparente razón. Son niños que pegan (o muerden, destruyen) sin aparente razón, o de forma muy exagerada. El movimiento que acompaña esta distensión, en general es un movimiento brusco, impulsivo.
En caso de una represión sistemática o una represión muy fuerte, el niño aprende a no expresar la necesidad. Es la anulación del deseo. Son niños que se vuelven apáticos, que no tienen interés o son muy dóciles. La agresividad es utilizada para autoreprimir el propio deseo.

EL SISTEMA NERVIOSO VEGETATIVO O AUTÓNOMO.

La tensión y la relajación que se genera en el esquema de la agresividad, se articula en el cuerpo del niño (y del adulto) a través del sistema nervioso.

EL ESTRÉS Y LOS NIÑOS

Cuando hablamos de estrés hay que distinguir entre tres tipos de estrés. El estrés positivo, el asumible y el tóxico.
El estrés positivo genera pequeñas alteraciones en el cuerpo (acelera el pulso, genera un estado de alerta emocional o cognitivo puntual.) Es provocado por acontecimientos en el día a día, pequeñas adversidades, retos, etc. Los niños, con el acompañamiento adecuado de los adultos, aprenden así enfrentarse a la vida. Un entorno normal, con sus objetos, sus movimientos, sus interacciones con los demás, contiene los estímulos suficientes (estrés a un nivel positivo) para promover un desarrollo sano. La agresividad que acompaña las necesidades básicas de explorar, de entender, de moverse, crea una tensión, un estrés interno, vital, que empuja hacia el movimiento y funciona como motor del desarrollo. Este entorno necesita de un maternaje suficientemente bueno, con interacciones por parte del adulto cuidador que proporciona un nivel de satisfacción de las necesidades expresadas por parte del niño suficientemente placentera.
El estrés asumible implica un aumento brusco de estrés que potencialmente podría ser dañino para el organismo, pero que por su duración limitada en el tiempo y el acompañamiento adecuado son asumibles y el cuerpo es capaz de volver a su estado sano. Ocurre cuando un niño se hace daño, cuando entra en entornos muy ruidosos, entornos nuevos, cuando presencia algún evento impactante, etc. Esencial en este tipo de acontecimientos es la relación cálida, de seguridad con los adultos. En ausencia de tal relación, el estrés asumible se vuelve tóxico para el cuerpo.
El estrés tóxico implica un estrés demasiado prolongado en el tiempo, muchas situaciones estresantes seguidas o un pico de estrés sin el adecuado acompañamiento. Muchas veces pasa desapercibido, porque se trata de un nivel de estrés que en primera instancia no parece dejar huella, pero que va erosionando el funcionamiento sano del cuerpo. El estrés tóxico hace que el cuerpo produzca un excedente de cortisol que no es adecuadamente eliminado porque es demasiado prolongado en el tiempo, porque el cuerpo no tiene tiempo de recuperarse o porque no hay un acompañamiento adecuado que permite al cuerpo relajarse suficientemente. Los efectos en los niños pequeños son los más nocivos, porque alteran el funcionamiento del cerebro y dejan huellas. No recibir suficientes cuidados afectivos, no poder moverse y/o explorar suficiente, no sentirse queridos, estar sometido a exigencias demasiado elevadas, estar mucho tiempo en entornos estresantes, son algunos ejemplos de situaciones de estrés tóxico para los niños.
Efectos nocivos del estrés.
El estrés tóxico afecta al funcionamiento del cerebro: disminuye las conexiones neuronales (sinapsis) y conlleva la disminución del volumen de cerebro en el córtex prefrontal. Esta es la zona que está involucrada en las funciones cognitivas y emocionales como son la toma de decisiones, el comportamiento social y la regulación de la impulsividad. El exceso de cortisol produce cambios en el funcionamiento del cerebro1. Otro de los efectos del estrés tóxico es la excesiva sensibilidad al mismo estrés: los niños se sienten atacados, o reaccionan de forma impulsiva ante expresiones y actitudes neutras de otras personas. Cuanto antes en el proceso de desarrollo del niño se produce este efecto, más duradero es.
Estrés en bebés.
Incluso en las madres embarazadas, el cortisol (de la madre demasiado estresada) penetra en la placenta y afecta al desarrollo del feto. El estrés crónico en una madre embarazada durante el último trimestre está vinculado a la aparición de TDAH en el niño más adelante.
Se sabe también que los recién nacidos que son dejados en el abdomen de la madre al nacer, piel con piel, eliminan rápidamente la adrenalina y el cortisol, consecuencia del proceso de parto. Cuando los bebes son separados de la madre, el cortisol y la adrenalina permanecen mucho más tiempo en el cuerpo de los recién nacidos.
Otros factores que producen estrés:
Dejar llorar tiene el mismo efecto nocivo en los bebes y niños.
Dormir separados de la madre también. En una investigación se constató que los niños de menos de un mes que duermen separados de sus padres muestran mayor sensibilidad al estrés.
Para los bebes es esencial que haya momentos frecuentes de contacto visual con el adulto cuidador, de sonreír, de divertirse, de estar en brazos, de ser tocado, masajeado. Todo lo que tiene que ver con la vivencia del placer con el adulto le ayuda a crear un vínculo seguro, y le ayuda al equilibrio emocional, aumenta la resistencia al estrés y potencia el sistema inmune.
Se sabe por las investigaciones que los niños que tienen un buen vínculo afectivo con la madre (con la figura de maternaje), son más resistentes al estrés (soportan mejor el estrés y eliminan más rápidamente el cortisol), tienen relaciones más estables y obtienen mejores resultados académicos.
Indicaciones de que hay un exceso de estrés:
enfermar con frecuencia, comportamientos violentos, falta de exploración, ansiedad e inseguridad.
Niveles demasiados altos de estrés producen en los niños bloqueos y retrasos en el desarrollo, trastornos de comportamiento, etc.
Conclusión:
Las vivencias de los niños pequeños dejan huellas profundas en su organismo, que alteran su estado emocional y su forma de relacionarse con los demás y, más en general, con el entorno. En los primeros años de vida los niños se desarrollan en relación con el adulto cuidador. Desde el desarrollo en el útero, pasando por las primeras experiencias al nacer, los primeros meses y años, el adulto cuidador influye de una forma determinante en cómo es la criatura. Es en este sentirse cuidado y respetado, que vive un profundo sentimiento de sentirse querido. Y eso es la base de nuestra salud.
Hendrik Vaneeckhaute
Psicomotricista Relacional y Especialista en Prevención y Salud Infantil en el espacio

lunes, 8 de enero de 2018

EL PAPEL DE LAS RABIETAS EN EL DESARROLLO

🙌😵EL PAPEL DE LAS RABIETAS EN EL DESARROLLO😊😍


Cuando nuestros peques llegan a la edad de entre 18 y 24 meses aproximadamente, empiezan lo que llamamos las rabietas, un momento complicado para los padres, pues es difícil saber cómo actuar en momentos así. A mí me ha ayudado mucho un libro de la Psicóloga infantil #RosaJové, "Ni rabietas ni conflictos", libro maravilloso que hace que comprendas mejor su comportamiento, y que no te preocupes mas de la cuenta.

- PERO, ¿QUÉ ES UNA RABIETA?
Una rabieta no es nada más que el deseo del niño enfrentado al deseo de los padres. Es una idea propia de un niño enfrentada a la idea que tiene el padre de cómo hacer aquello. Y el niño, como no entiende lo que le pasa, se ofusca y estalla emocionalmente.
Eso no quiere decir que la mejor idea sea la del niño, pero en su rudimentaria forma de empezar a razonar, el niño tiene unas razones que son muy importantes para él y las seguirá defendiendo hasta que no entienda que las nuestras son mejores.

- LAS RABIETAS, NECESARIAS PARA EL DESARROLLO.- Por muy dura que sea esta etapa para nosotros los padres, es una etapa necesaria para su desarrollo. El hecho de que ahora lo cuestionen todo hará que de mayores sepan cuestionarse adecuadamente las cosas.
Porque no queremos unos hijos que de adultos no se planteen los por qués y obedezcan ciegamente, queremos hijos con ideas propias y que las defiendan mientras no les demuestren que hay otras mejores.
Ojo, eso no quiere decir que tengamos que provocarles o hacerles enfadar para que tengan más rabietas, siempre que podamos evitar que se ofusque y se lleve un disgusto, así lo haremos, pero hay que tener en cuenta por lo que está pasando nuestro hijo para poderlo ver con perspectiva.
Y aunque este comportamiento puede hacer que nuestra paciencia llegue a límites insospechados, rechazarles o ignorarles cuando están en plena rabieta es contraproducente, y puede hacer que las rabietas se alarguen mucho más en el tiempo, hasta convertirse en algo crónico.
Hay una frase muy buena que Rosa Jové menciona en su libro: "Quiéreme cuando menos me lo merezca porque será cuando más lo necesite."
Porque cuando se comportan así, necesitan más cariño que censura, más explicaciones que obediencia ciega, más compañía que ignorancia.

- RELATIVIZAR, MIRAR CON PERSPECTIVA.- A nosotros también nos puede venir bién esta etapa. El mundo y las familias evolucionan, y quizá tengamos que cambiar nuestra rigidez y volvernos un poco más fexibles, relativizar.
Según la psicóloga #JudyDunn, a partir de los 2 años los niños se saltan las normas para explorar la realidad normativa de la familia; al hacerlo y observar la reacción de las personas adultas, los niños establecen qué normas son importantes, cuales no lo son y cuales sólo a veces.
Así que cuando parece que el niño nos quiere llevar la contraria, lo que está haciendo es comprobar si aquello es tan importante como parece. Esto nos obliga a replantearnos cosas, como si merece la pena discutir cada día con nuestro hijo porque no quiere llevar zapatos, quiere llevar deportivas.
Como padres debemos ser capaces de cambiar las normas y creencias y ser más flexibles, sino somos capaces de darnos cuenta de que a veces nuestros hijos nos muestran que hay normas que no sirven para nada, es que vivimos encerrados en un planeta irreal.

- LAS RABIETAS TIENEN FECHA DE CADUCIDAD.- Es tan importante tener esto en cuenta para poder relativizar y tomárnoslo con más paciencia...Cuando el niño crezca y por tanto disponga de un lenguaje que le permita expresarse de diferente manera, las rabietas se terminarán. Su manera de reaccionar, mediante el llanto o la agresividad, es la única que conoce de momento, no tiene más herramientas, y expresa su malestar de esa manera.
Conforme vaya creciendo no sólo aprenderá a expresarse a través del lenguaje, también será capaz de razonar mejor cuando le expliquemos cualquier cosa. Nuestro papel aquí es mostrarles comprensión y empatía, y mucha paciencia, además de intentar proporcionarle herramientas para que puedan expresar su descontento y su frustración de otra manera; cuanto antes dispongan de otros recursos, antes dejarán de usar la rabieta como forma de expersarse.



🌟En conclusión, no nos preocupemos más de la cuenta, todos pasan por esta etapa antes o después, y nosotros los padres debemos normalizarlo y no tomárnoslo como algo personal, sino como algo natural que forma parte de su desarrollo. Y menos dejarnos llevar de personas que en ves de ayudarnos le tiran leñita al fuego diciendo: tu hijo te controla, el sabe, te esta manipulando, castigarlo es bueno... Por favor hagan caso omiso los niños no manipulan es absurdo que un niño con su poca capacidad emocional de 1 a 4 años pueda controlar a un adulto con más de 20 años de diferencia...! Así que a tomarse esta etapa con paciencia y buen humor 😀😀😀

martes, 16 de mayo de 2017

LACTANCIA MATERNA DESPUÉS DEL PRIMER AÑO DE VIDA

¿Tú todavía le das pecho?, me preguntaron al ver a mi hijo prendido de mi pecho, jajaja creo que es obvio que sí, mami, le doy pecho a mi hijo, fue lo que pensé pero sólo atine a responder así: Sí, mi hijo tiene 1 año 2 meses y le doy pecho, porque?,
Jajaja creo que era mejor decir lo que pensé jajaja pero bueno, lo que pasa aquí es que hay varias mamis que están muy mal informadas en cuanto a la lactancia materna, muchas creen que sólo se les debe ofrecer pecho hasta los 6 meses de vida al infante, creen que eso es lo ideal ya que incluso piensan o creen que a partir de los 6 meses de lactancia, esa leche se vuelve agua, así oí decir a una persona mayor que incluso labora en una clínica pediatra, es algo que me preocupa por que como se puede llegar a creer que la leche llegado un tiempo se vuelve agua, la leche se corta o se acaba que es diferente y se acaba justamente cuando se acaba la succión del bebe, a menos de que existan otros factores que corten tu producción de leche como una infección y la toma de antibióticos.

Cada vez más los pediatras y las enfermeras se están convirtiendo en una ayuda inestimable para las mamás que amamantan a sus bebés, tanto en la promoción de la lactancia materna como en el soporte cuando las cosas van mal.

A pesar de ello, aún queda mucho camino por recorrer y me doy cuenta de ello cuando hablo con alguna conocida y me explican sus visitas con el pediatra y la enfermera, contándome cosas como que “a los 15 meses me dijeron que ya no tenía sentido dar el pecho, porque ya no es alimento”.¡Mentira!

Es una metedura de pata por dos razones, una, porque es mentira que no tenga sentido, y dos, porque la lactancia materna sigue brindando muy buenos nutrientes pasado el año de lactancia.

Si todavía le está dando leche materna a su hijo de un año de edad, se puede felicitar a usted misma por brindarle la mejor nutrición posible que su hijo pueda recibir. Ahora que está consumiendo una variedad de alimentos sólidos, su leche materna no es tan fundamental desde la perspectiva de la nutrición. Algunos niños pequeños continúan consumiendo una cantidad moderada de leche materna (y, por consiguiente, los nutrientes que contiene), mientras que otros ingieren solo unas cantidades muy pequeñas, obteniendo la mayoría de su nutrición de otros alimentos. Desde luego, no se conoce un punto específico en el que el valor nutritivo de la leche materna se vuelva insignificante. Lo que sí sabemos es que a medida que su hijo pasa de la infancia a la niñez temprana, la lactancia materna sigue actuando como una fuente de intenso confort y seguridad, estableciendo las bases para un futuro seguro, feliz y saludable. Es por esto que, así como por los beneficios continuos nutritivos e inmunológicos de la lactancia materna, la AAP aconseja a las madres seguir amamantando después del primer año por tanto tiempo como lo deseen tanto la madre como el hijo.

En lo que a mí respecta seguiré dando la teta hasta cuando mi hijo quiera por qué razones pues muy simple me encanta generar Apego y seguridad, dar y recibir cariño, brindarle consuelo, además que es un complemento ideal en su Nutrición, cada madre tiene su propia opinión sobre la lactancia materna pero no se basen en información errónea siempre es bueno investigar un poco más como también dejar de lado las vergüenzas y prejuicios no hay cosa más linda que generar ese vínculo de madre e hijo a opinión propia amo dar de lactar, y creo que el destete llegará cuando ambos tanto mi hijo como yo estemos de acuerdo, además que la misma OMS, nos indica que la lactancia materna es fuente importante en el desarrollo del niño pasado los 6 meses y debe ser proporcionada hasta los 2 años: "La leche materna también es una fuente importante de energía y nutrientes para los niños de 6 a 23 meses. Puede aportar más de la mitad de las necesidades energéticas del niño entre los 6 y los 12 meses, y un tercio entre los 12 y los 24 meses. La lecha materna también es una fuente esencial de energía y nutrientes durante las enfermedades, y reduce la mortalidad de los niños malnutridos."

Bueno mamis les cuento así rapidito cuáles son los beneficios de la lactancia materna:
  • Promuevo la lactancia materna por que como madre me ayuda a tener menos posibilidad de obtener cáncer de mamá, y útero.
  • Ayuda a mi bebe a no contraer alergias, ni problemas respiratorios, estomacales, renales y más.
  • Va a permitir crecer a mi bebe emocionalmente bien, con mucha seguridad en si mismo, e independencia.



La lactancia materna sigue teniendo sentido después del primer año de vida:
Se dice que la leche materna a partir del año ya no tiene sentido porque se compara con otros alimentos probablemente más calóricos y en ese sentido queda en desventaja. Se dice quizás por eso de “la leche materna, pasado un tiempo, es casi agua”, que es un falso mito que hasta hace poco sucedía a los seis meses (momento en que por arte de magia la leche de una madre se transformaba en agua) y ahora parece que sucede más tarde, hacia el año.

El caso es que la leche materna sigue siendo leche materna con sus proteínas, sus grasas, sus hidratos y sus calorías hayan pasado meses o años. Sigue siendo un alimento completísimo y lo que es más importante, sigue siendo una inestimable fuente de células inmunitarias (de defensas) para el bebé. Miento, de hecho, es la única fuente de defensas que puede recibir un bebé del exterior. El niño que deja de tomar el pecho deja en ese instante de recibir defensas, se queda con las suyas solo ante el peligro.

Como el sistema inmunitario de los niños acaba de madurar en algún momento entre los dos y los seis años (tirando más a los seis que a los dos), decirle a una madre que deje de amamantar a su hijo es un mal consejo médico, porque es pedirle que deje de ayudar al sistema inmunitario inmaduro de su hijo con su leche. En los tiempos que corren, que parece que los niños padecen más enfermedades agudas que antaño (bronquitis, otitis, laringitis,…) la leche materna sigue teniendo sentido incluso cuando el niño tiene ya 15 meses.
Quizás por eso la OMS, UNICEF y la AEP recomiendan dar el pecho al menos dos años.

La leche materna tiene más calorías que la leche de vaca
La leche de vaca aporta unas 65 kcal por cada 100 ml. La misma cantidad de leche materna aporta unas 70 kcal. No son muchas calorías más, pero sí son más que la leche de vaca.
En cualquier caso, las calorías de más o de menos no son las que tienen que decir qué alimento es mejor, sino la lógica. La leche más adaptada a un bebé humano será siempre, sin duda, la leche humana. La leche de vaca sirve como sustituto, pero habiendo leche de la misma especie, es absurdo retirar una para dar la otra.

Algunas madres de niños de más de un año, al preguntarles qué leche dan a sus hijos, me responden que sólo les dan leche materna y de vez en cuando algún yogur. A mí me parece perfecto, pero hay profesionales de la salud que opinan diferente y que llegan a tratar de insensatas a estas mujeres por no dar a sus hijos algo tan importante como leche de vaca, como si su leche no fuera apta o válida. ¿No es absurdo?

La leche materna se da en contacto piel con piel y se toma succionando
Seguro que conoces a más de un bebé que toma pecho que cuando ve un chupete hace una cruz con sus dedos índices mientras dice “¡aleja eso de mí!”. Tiene cierta lógica, si le das a elegir entre el pecho de mamá y un sustituto de silicona, pues suelen elegir el primero. Incluso si les das un biberón con leche materna, muchos dicen lo mismo: “bueno es la leche de mamá, pero ¡aleja eso de mí!”.

Dar el pecho no es sólo dar leche y ya está. No es una cuestión de darle comida y santas pascuas. Dar el pecho a un bebé es mucho más, porque es coger al bebé o niño en brazos, tenerlo cerca, sacarle el pecho y permitirle que succione de él, contactando piel con piel y dejando al bebé lleno del olor de mamá (con la nariz pegada al pecho, ¿qué otra cosa va a oler?).

Por eso es lógico que muchos niños, cuando se hacen daño, cuando están llorando, cuando se sienten solos o cuando se sienten demasiado acompañados corran a buscar a mamá y le pidan el pecho. No tienen hambre, no tienen sed, pero necesitan un rincón seguro en el que estar un rato para calmarse y no hay sitio más seguro que aquel en el que todo huele a mamá, todo sabe a mamá, estás succionando la leche de mamá y además estás tocando directamente la piel de mamá.

Aporta beneficios psicológicos y un mejor desarrollo cognitivo
Varios estudios han descrito ya los numerosos beneficios psicológicos de los niños amamantados. La lactancia proporciona alimento, consuelo, ternura, comunicación entre madre e hijo, contacto y traspaso de oxitocina (la hormona del amor) de madre a hijo (y aumento de la misma en la madre).

A pesar de los muchos prejuicios populares en torno a amamantar a niños mayorcitos (aunque quizá habría que definir qué es un niño mayorcito, pues hay personas que consideran que mayorcito para mamar es un niño de 4 meses y hay otras para las que no lo es hasta pasados los 12-15 meses), no existe ninguna evidencia que asocie la lactancia materna con problemas de desajuste emocional o social.

Lawrence Gartner, presidente del grupo de trabajo de lactancia de la AAP (Asociación Americana de Pediatría) explicó en la última declaración que se ha hecho al respecto, que data de 1997, que “la Academia no ha establecido un límite (para la lactancia). Hay niños que son amamantados hasta los 4,5 o 6 años. Esto puede ser poco frecuente, pero no perjudicial”.

Fergusson y colaboradores mostraron en 1999 que los niños de 15 a 18 años que habían sido amamantados durante más tiempo presentaban mejores niveles de apego a sus padres y consideraban a sus madres menos sobreprotectoras, pero que se ocupaban más de su cuidado, si se les comparaba con jóvenes que hubieran sido alimentados con leche de fórmula.

Angelsen N y colaboradores concluyeron en 2001 que un mayor tiempo de lactancia materna beneficiaba el desarrollo cognitivo de los bebés. Para este estudio compararon a niños que no habían llegado a los 3 meses de lactancia materna, a los que se quedaron entre los 3 y los 6 y a los que fueron amamantados 6 meses o más. El resultado fue que aquellos que fueron amamantados más tiempo obtenían mejores puntuaciones en los tests cognitivos realizados a los 13 meses y a los 5 años.

Continúa ofreciendo protección inmunitaria
El sistema inmunológico de un niño madura definitivamente en una edad comprendida entre los 2 y los 6 años de edad. La leche materna es una fuente incomparable de defensas (de hecho la concentración de células inmunológicas en la leche aumenta en el segundo año) por lo que el niño amamantado seguirá beneficiándose del aporte de defensas materno mientras su propio sistema acaba de madurar.

Esto se hace evidente en situación de enfermedad cuando el apetito de los niños por otros alimentos desciende pero la ingesta de leche materna se mantiene. En patologías gastrointestinales sobretodo, supone el mejor recurso de alimentación e hidratación, mejorando la recuperación de los niños.

Se ha constatado también que cuando un niño es vacunado la lactancia materna aumenta la respuesta inmunológica, estimulando aún más el sistema inmunitario del lactante.
La lactancia materna hasta al menos los dos años, y esta es una de las razones más importantes para esta recomendación, protege ante la diabetes tipo 1.

Numerosos estudios sugieren la relación entre la diabetes tipo 1 y la introducción antes del primer año de vida de productos que contienen proteínas de leche de vaca intactas (derivados de la leche no adaptados).

Es un factor de protección frente a la obesidad infantil
Los niños amamantados son generalmente más delgados y se ha observado que parece ser un factor protector de la obesidad.

A mayor duración de la lactancia, menor riesgo de obesidad y sobrepeso. Se ha demostrado una prevalencia de obesidad a los 5-6 años de edad del 4,5% en niños no amamantados, del 3,8% en los amamantados durante 2 meses, del 2,3% de 3 a 5 meses, del 1,7% los amamantados entre 6 y 12 meses y del 0,8% en aquellos con lactancias superiores al año de edad.

A más tiempo amamantando, mayores beneficios para la madre
Ya hemos hablado en Bebés y más de los numerosos beneficios de la lactancia para la madre. Cuanto más tiempo amamante una mujer, mayores son los beneficios.
La lactancia a demanda retrasa la menstruación en muchas mujeres. Las necesidades de hierro en la dieta materna se reducen a la mitad. Esto hace, además, que el momento de fertilidad se atrase.

Disminuye el riesgo de fracturas por osteoporosis en la edad anciana. Se desconoce la causa pero se ha evidenciado en estudios con personas de edad avanzada que aquellas mujeres que dieron de mamar más tiempo padecen en la actualidad menos fracturas.
Reduce el riesgo de cáncer de mama y ovarios. Por cada 12 meses de aumento de la duración media de lactancia materna en las poblaciones de los países desarrollados se podrían evitar más de 50.000 casos de cáncer. Esto equivale a un 4,6% de disminución de riesgo para una mujer por cada 12 meses que da el pecho.

Como ves los beneficios conocidos tanto para la mamá como para el bebé son numerosos. Según demuestran los estudios antropológicos la edad natural del destete es entre los dos y los siete años y cada vez hay más niños que son amamantados hasta edades avanzadas (los 4,5 o 6 que comentó el presidente de la AAP hace más de diez años).

Lidiando con las opiniones de los demás
Nuestra cultura a veces puede proyectar una visión un tanto limitada de las prácticas de lactancia aceptables, si bien amamantar a los niños pequeños se ha vuelto una algo más común, todavía provoca ocasionalmente comentarios y miradas de los adultos desinformados. Para decidir cuánto tiempo debe amamantar a su hijo, un criterio más válido que la opinión pública es el enfoque de su propio hijo hacia la lactancia y sus propios sentimientos al respecto. No cabe duda que estos sentimientos están siendo transmitidos a su hijo. ¿Cree usted que él está dependiendo del seno para su confort hasta el punto de interferir con su crecimiento social (al igual que un niño pequeño cuya relación con su manta es tan intensa que es incapaz de dejarla de lado para jugar con un amigo)? ¿Le preocupa que la continuidad de la lactancia esté causando que otros adultos (como el encargado del cuidado infantil, la maestra del preescolar u otra persona importante en su vida) lo señalen de forma negativa? ¿Tiene dudas sobre si amamantar a un niño interfiere con su relación con él, haciéndola una compañera reacia y menos solidaria? Si sus respuestas a todas estas preguntas son negativas, entonces no hay razón para acelerar el proceso de destete.

Las madres que han optado por continuar amamantando a sus niños pequeños han encontrado muchas maneras creativas de hacer frente a la sorpresa y desaprobación desinformada de otros adultos. Muchas mujeres les enseñan a sus hijos una "palabra clave" para usarla cuando quieren ser amamantado  para que el tema se mantenga privado entre ellos dos. Después, algunas mujeres se van con sus niños pequeños a un lugar privado para amamantarlos. Por otro lado, otras dicen algo importante acerca de la lactancia materna en público, tal vez con la esperanza de hacer que  la continuidad de la lactancia materna para los niños pequeños sea más aceptada.

Ciertamente, incluso en este país, la actitud general hacia la lactancia materna está mejorando gradualmente.

Estamos bien, gracias: Decida lo que es mejor para su hijo
Al final, cuánto tiempo va a amamantar a su hijo es una decisión que solo usted, con la ayuda de su bebé, debe tomar. La relación que se forma al amamantar es un lazo único, que idealmente debe tener el apoyo de su pareja y de otros miembros de la familia. Así que ya sea que deje de hacerlo cuando su bebé tenga seis meses o tres años de edad, es una decisión personal. Siga sus instintos y haga lo que más le convenga a usted y a su bebé.


Si gustan yo encontré este vídeo que explica muy bien sobre la lactancia materna pasado los 6 meses de vida:

ATTE:
Yuyin Mayte
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Fuente:
  • https://www.bebesymas.com/lactancia/por-que-se-aconseja-lactancia-materna-hasta-los-dos-anos-o-mas
  • https://www.healthychildren.org/Spanish/ages-stages/baby/breastfeeding/Paginas/Continuing-Breastfeeding-Beyond-the-First-Year.aspx
  • https://www.bebesymas.com/lactancia/de-pediatras-y-enfermeras-a-partir-del-ano-la-leche-materna-ya-no-tiene-sentido-mentira